Gustavo Adolfo Becquer |
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En esa época publicó su primera leyenda, El caudillo de las manos rojas, y
conoció a la mujer que habría de inspirar uno de los ciclos de poesía más
famosos de la lengua castellana, Elisa Guillén. Sus amores duraron poco; ella
lo abandonó al cabo de uno o dos años. Pero la historia de este romance durará
eternamente, inmortalizado por las Rimas, donde Gustavo Adolfo cuenta la
historia de una pasión amorosa- la ilusión, el amor compartido, los celos, el
desamor, la muerte.
Después de perder a Elisa, Bécquer pasó una temporada en el monasterio de Veruela, en Aragón. El maravilloso paisaje de la zona, presidido por el imponente Moncayo, jugarla un papel importante en muchas de las leyendas que escribiría más tarde. Bécquer se casó, quizá para olvidar a Elisa, pero su matrimonio no fue feliz. Escapaba de la rutina doméstica viajando con su hermano Valeriano o escribiendo con el empeño febril de quien sabe que no dispondrá de. mucho tiempo para hacerlo. |
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En 1864 paso otra temporada en Veruela; allí escribió (.'arcas desde mi
celda. En 1866 tuvo su único golpe de suerte: el ministro González Bravo,
amigo y admirador suyo, le ofreció el puesto de censor de novelas, con un
sueldo de 20 00(1 reales anuales; eso le permitió dedicarse de lleno a las
Rimas y las Leyendas, pero la felicidad duró poco. La revolución de 1868 hizo
caer a González Bravo, y Bécquer. además de perder a su único benefactor,
perdió el original de las Rimas, que estaba en casa del ministro cuando ésta
fue saqueada por las masas populares. En 1870 murió Valeriano, y el poeta, que
ya se sentía morir, pidió a su amigo Narciso Campillo que publicara su obra
cuando él hubiera abandonado el mundo de los vivos.
Gustavo Adolfo Bécquer murió a los 34 años. Es imposible saber qué hubiera llegado a es cribir si hubiese vivido 67 años, como Heine, o 83, como Víctor Hugo. Tal como lo decidió el destino -o las tendencias más profundas de su temperamento romántico- toda su obra cabe en un tomo, no demasiado grueso.
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Pero, ¡qué riqueza la de ese libro! Para lectores de habla española resulta innecesario hablar de las Rimas, que todos hemos atesorado como expresión perfecta del amor. Pero se olvida a veces la agudeza y la inteligencia de las Cartas literarias a una mujer y, sobre todo, la imaginación desbordante, el mundo rigurosamente mágico y romántico de las Leyendas. Es difícil saber hasta qué punto Bécquer utilizó en las Leyendas viejas tradiciones o romances castellanos, andaluces y aragoneses, y hasta qué punto son fruto de su fértil imaginación ("también la verdad se inventa», diría cien años más tarde e) sevillano Machado). En todo caso, resulta deslumbrante ver cómo el poeta cree en esas corzas. en esos organistas fantasmas, en esas mujeres cuya ruano izquierda se sale de la tumba a la espera de la sortija que les devolverá la honra. Ese es quizás el mayor mérito de las leyendas: la fe que pone en ellas su autor. Lloramos con Margarita al reconocer al conde en su amante. porque Bécquer parece creer sin sombra de duda que la mano de Margarita salvará al conde de la furia de los moros y desde que Alonso sale a buscar la banda azul que perdió Beatriz en el monte de la Animas sabemos que su destino está sellado. La muerte es una presencia constante en las Leyendas personaje predilecto de los románticos, persigue a los enamorados, castiga por igual a inocentes y a culpables, En la prosa de Bécquer aparece rodeada de la imaginería cristiana, pero el lector agudo reconocerá, sin duda, los elementos que vienen de más lejos: los bosques oscuros, poblados por trasgos y duendes, los espíritus del mal que vayan por la Tierra, las almas de los misteriosos templarios que azuzan a los lobos contra los cazadores. El misterioso «Miserere de la montañas, ¿no será acaso la música del sabbath de las brujas? |
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