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La inexistencia de la muerte

Y empecé a sentirme peor: Me descomponía realmente. Me vinieron vómitos. Llegó la hora de vestirnos para la actuación; intenté maquillarme y tuve que recomenzar tres veces, porque a cada instante me volvían los accesos vomitivos. Entonces, para contrarrestar mi malestar, le pedí a la señora si no tenía algún remedio. Me alcanzó unas gotas; las tomé y me fui a actuar. Cuando me llegó el turno subí al escenario y canté con mucha responsabilidad, como siempre lo hago. Yo había pedido, como es mi rutina, que me ayudara mi padre (ya fallecido). Cuando terminé y bajé del escenario, vino a mi encuentro una niña, como de ocho o nueve años, y me llamó la atención que me preguntara: -¿Tú cantaste recién?
Respondí que sí, y ella entonces me dice:
 

Hitler, Nazi, Rito, Rituales, Magia, locuraLenin, socialismo, comunismo, union sovietica
Stalin, bolchevique, revolucion, zarizmoEvita, Eva peron, Peronismo, Justicialismo


-Te reconozco por el vestido, porque tu rostro no era el que tienes ahora... Yo le interrogo, azorada.

-¿Y cómo era? Me responde:

-Eras morocha. Tenías otra cara. Muy... muy morocha. Te reconozco solamente por el vestido...

Bueno. Se acabó la fiesta. Fueron todos a cenar; yo no probé bocado y esa noche "no pegué los ojos" de lo mal que me sentía. Al día siguiente tenían que ir a buscarnos a las once de la mañana para llevarnos al club a recibir las comprobaciones de nuestra actuación, y Alma García me dice, cuando nos reunimos junto a los automóviles:

-Qué mal te veo...

 Le respondo:
-Sí. Me siento morir.

Nos subimos a los vehículos, llegamos al club y yo no podía bajar. Entonces Alma me dio sus manos para ayudarme a descender. Me era imposible caminar. Junto a Dana Rocha me llevaron al "toilette", pues yo les pedí que no me hicieran ir a las oficinas. Llegamos al lugar, que es enorme, porque es un club y me caí al piso. Alma, que quedó sola conmigo, puesto que Dana se había retirado, me dijo:


 

 

-Suray, por favor, trata de ponerte de pie.

Y ahí le grito yo:

- ¡NO SOY SURAY!

Ella asombrada me pregunta:

-¿Por qué te sientes tan mal? ¿Por qué me dices que no eres Suray?

- ¡PORQUE NO SOY SURAY!

-¿Y- . quién eres? -inquiere extrañada mi compañera.

-INÉS- le dije así, muy suelta de cuerpo, porque en ningún momento yo sentí que hubiera perdido el conocimiento, o noción del lugar siquiera. Entonces Alma me dijo.

-Vov a buscar a Dana para que me ayude, pero trata de ponerte de pie; mójate la. muñecas. Acércate al lavabo.

Bueno, le obedecí. Llené el hueco de mis manos con agua, me mojé la cara. Instintivamente me acerqué al espejo, y realmente VI QUE NO ERA MI CARA, di un alarido, porque me desconocí: Tenía el rostro seco, como si la piel estuviese "pegada" a los huesos y el pelo negro adherido sobre esa epidermis. Cuando me volví a descomponer, Alma me dejó sentada en el suelo y me dijo:

Continua 

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