-Suray, por favor, trata de ponerte de pie.
Y ahí le grito yo:
- ¡NO SOY SURAY!
Ella asombrada me pregunta:
-¿Por qué te sientes tan mal? ¿Por qué me dices que no eres Suray?
- ¡PORQUE NO SOY SURAY!
-¿Y- . quién eres? -inquiere extrañada mi compañera.
-INÉS- le dije así, muy suelta de cuerpo, porque en ningún momento yo
sentí que hubiera perdido el conocimiento, o noción del lugar siquiera.
Entonces Alma me dijo.
-Vov a buscar a Dana para que me ayude, pero trata de ponerte de pie; mójate
la. muñecas. Acércate al lavabo.
Bueno, le obedecí. Llené el hueco de mis manos con agua, me mojé la
cara. Instintivamente me acerqué al espejo, y realmente VI QUE NO ERA MI
CARA, di un alarido, porque me desconocí: Tenía el rostro seco, como si la
piel estuviese "pegada" a los huesos y el pelo negro adherido
sobre esa epidermis. Cuando me volví a descomponer, Alma me dejó sentada
en el suelo y me dijo:
Continua